Arquitecturas en trance

¿Es posible encontrar en un mismo espacio un complejo deportivo con piscina incluida, salas de cine y cinemateca, salas de exposiciones, auditorios, biblioteca-mediateca, junto a cafeterías-restaurantes y tienda de artículos varios? Sin duda, y no se trata de un centro comercial. En pleno ensanche de la ciudad de Frank Gehry, Santiago Calatrava, Arata Isozaki y Norman Foster, se alza monumental Alhóndiga Bilbao, un antiguo almacén de vinos y licores edificado por Ricardo Bastida entre 1905 y 1909 que ahora es un centro de «ocio y cultura», aunque según por dónde se mire es más de lo uno que de lo otro. Este edificio de estilo modernista y bastante avanzado a la época, un siglo más tarde ha resurgido de sus escombros bajo la dirección del joven arquitecto francés Philippe Starck para rehabilitar las fachadas, transformar el espacio interior y construir nuevos espacios que se adapten a los nuevos usos y necesidades.

Aunque resulta complicado encontrar el proyecto inicial de este tipo de centros en general, los resultados en el año escaso que lleva en funcionamiento como espacio (anteriormente la Alhóndiga ofertaba cursos, festivales y diversas actividades en otras sedes públicas y privadas de la ciudad) parecen evidenciarse pues en la Alhóndiga siempre hay gente y siempre hay alguna actividad.

Columna en el interior de Alhóndiga Bilbao.

Columnas en el interior de la Alhóndiga de Bilbao.

La clave está en la diversidad de propuestas y la amplitud de horarios y un atractivo estético que son las 43 columnas cada una de ellas distintas diseñadas entre la colaboración de un arquitecto y un escenógrafo. La experiencia de Starck en el ámbito de la arquitectura de interior y del diseño industrial y mobiliario junto a la coordinación del escenógrafo italiano Lorenzo Baraldi hacen que la Alhóndiga se perciba como un espacio nuevo, ausente de los recuerdos de la escombrera que fue durante décadas, aunque para el público-usuario-espectador habitual esto continúe en la memoria.

La titularidad la ostenta el Ayuntamiento de Bilbao bajo una Sociedad Privada Municipal. Es el enésimo espacio inaugurado en los últimos años sin proyecto conocido y con presupuesto disparatado. El resultado de la «economía canalla» de la que habla Fernando Castro Flórez en su artículo Sociedad estatal de demoliciones culturales [publicado el 25.12.2010 en salonkritik.net]: aquella que financia con dinero público instituciones culturales que antes o después quedan a la deriva sin poder plantear estrategias mínimas o proyectos que estén a la altura de lo invertido inicialmente¹.

Mientras se inauguraba la Alhóndiga en mayo de 2010, en Corea del Sur surgía el Kunsthalle GwangJu (julio de 2010) un centro cultural contemporáneo y emergente que como su precedente, Kunsthalle Seoul (abril de 2009), propone rescatar la subcultura coreana y asiática especialmente, presentada en diferentes formatos como exposiciones, cine, conciertos, actividades multimedia y eventos educativos en espacios construidos con contenedores industriales. ¿No es acaso una provocación a las arquitecturas de nuestro entorno que se empeñan en ser cada vez más costosas? ¡En estos tiempos que corren!

Contenedor Kunsthalle GwangJu, Corea del Sur.

Contenedor Kunsthalle GwangJu, Corea del Sur.

Los promotores de estas iniciativas son Platoon, un colectivo de arquitectos y creativos de mentes inquietas que ya en el año 2000 crearon Kunsthalle Berlin. Proponen un espacio realizado con contenedores como icono de una arquitectura flexible en una cultura globalizada, fáciles de montar o desmontar según necesidades y con múltiples posibilidades: espacios amplios, libres y efímeros. Es la revolución arquitectónica y también un modelo de política cultural que poco a poco se va implantando fuera de Alemania. La financiación proviene principalmente de un sector privado que apuesta por la creación emergente y la cultura contemporánea. Algo así como una Casa Encendida: cultura + solidaridad + medioambiente + educación, referente al que parece aproximarse la Alhóndiga, un espacio para todos, dinamizador y comprometido con la esfera pedagógica. Pero de momento ni los resultados ni las expectativas están a la altura del espacio y de lo presupuestado, al menos de momento.

¹ Castro Flórez, Fernando, Sociedad estatal de demoliciones culturales, 25/12/2010, salonkritik.net] http://salonkritik.net/10-11/2010/12/sociedad_estatal_de_demolicion.php. Última visita 01/09/2013.

*Esté artículo fue publicado en Trazos, nº 17, marzo de 2011. Ed. impresa y digital.

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