Picasso y Horta d’Ebre

Picasso volvió una vez más a España en 1909 y regresó aquí con (…) tres paisajes sumamente realistas que suponían a su vez los comienzos del cubismo. Picasso había tomado por pura casualidad unas fotografías del pueblo que había pintado, y a mí me hacía mucha gracia que la gente se quejase de lo fantasioso de los cuadros, por lo que les enseñaba las fotografías para que así entendieran que los cuadros eran casi iguales que las fotos. Oscar Wilde decía que la naturaleza imita al arte, y algo de razón tiene. No cabe duda de que los pueblos españoles son tan cubistas como esos cuadros de Picasso.¹

Esta cita está tomada de la biografía de Picasso que en 1938 escribe Gertrude Stein, la carismática marchante rusa del París de vanguardia. Se refiere a los paisajes que Picasso realizó durante el verano de 1909 en Horta de Ebro. Allí acudió con su compañera Fernande Olivier, la pobre Fernande, tantas veces retratada por Picasso en estos inicios del cubismo. Regresó a París a finales de septiembre llevando consigo los dibujos, apuntes y lienzos producidos durante esta estancia. Se expusieron en la galería de Vollard en París y junto a la obra que había producido Braque ese mismo verano en La Roche Guyon comenzó la época feliz del cubismo. Algunos de estos lienzos fueron adquiridos por Stein y ahora se exponen en el MoMA de Nueva York, el Hermitage de San Petersburgo o el The Art Institute de Chicago.

Pablo Picasso, "The Resevoir, Horta de Ebro", verano de 1909.  Museum of Modern Art, New York. © 2013 Estate of Pablo Picasso / Artists Rights Society (ARS), New York

Pablo Picasso, “The Reservoir, Horta de Ebro”, verano de 1909. Museum of Modern Art, New York. © 2013 Estate of Pablo Picasso / Artists Rights Society (ARS), New York

La primera vez que estuvo en Horta de Ebro fue en el verano de 1898 donde pasó ocho meses con su amigo y compañero de estudios Manuel Pallarés. Durante estas vacaciones tomó apuntes del natural y numerosos dibujos. Los lienzos que realizó tras estos meses son del período modernista en Els Quatre Gats. Luego vendría su estancia en Gosol y Les Demoiselles, el cubismo de Horta, el de Cadaqués en el verano de 1910 y el de Céret en 1911. Porque Picasso acostumbró a pasar los veranos en pueblos catalanes -como también hizo Juan Gris y Braque en Francia- y cada vez que esto sucedía cambiaba su lenguaje pictórico y comenzaba un nuevo período.

¹ Gertrude Stein, Picasso, 1938. Ed. La esfera de los libros, Madrid, 2002, p. 26.

*Este artículo fue publicado en la edición impresa Viajeros por tierra, mar y aire, nº 157, abril–mayo, 2011.

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