ARTE = VIDA / VIDA = ARTE

ARTE=VIDA/VIDA=ARTE. Bajo esta fórmula, Wolf Vostell (Leverkusen, 1932-Berlín, 1998) adoptó una actitud artística y vital que mantuvo durante toda su trayectoria. Con ello se refería a la materialidad del objeto artístico, el cual empezaba a adoptar problemáticas técnicas en una permanente interacción entre lo visual, lo verbal y lo sonoro. A finales de la década de los 50 ya no se podía hablar de pintura, se hablaba de dé-coll/age, ni de escultura, se hacía de instalaciones, cuadros-objetos, ambientes, cualquier término que se refiriera a la experiencia liberadora, a un estado del espíritu y una nueva manera de vivir que elevara las cosas sencillas de la vida a la categoría de obra de arte.

Wolf Vostell, 1990.

Wolf Vostell, 1990.

Fueron las décadas de Fluxus, un movimiento universal que abarcó todos los campos de expresión -la música, la plástica, la literatura e incluso la filosofía y la ciencia-, que se extendió entre Nueva York, Japón y Berlín para finalmente acomodarse en un pequeño pueblo extremeño donde Vostell creó un museo experimental sin precedentes: el Museo Vostell de Malpartida de Cáceres. Llegó por primera vez a Extremadura en 1958 para conocer las pinturas que Zurbarán había realizado en la Sacristía del Real Monasterio de Guadalupe y atraído por los grandes artistas españoles, Velázquez, El Greco, Goya, Picasso, para él inventores de la pintura en tanto que proceso negativo-positivo: lo que llamó construir-destruyendo. Pero había algo más, el arte de vanguardia en su versión documental tenía un claro origen: Buñuel y la película que realizó en 1932 Las Hurdes, tierra sin pan, un documental que recorría la históricamente deprimida Extremadura y que adquiría un compromiso en defensa de la vida y la dignidad humana, el mismo que acabaría adoptando Vostell.

Contrajo matrimonio con Mercedes con quien creó una fantástica colección de obras Fluxus fruto de la polarización de su trabajo en dos ámbitos de referencia: Berlín y Malpartida. Entre 1960 y 1962 realizó happenings en Barcelona, trabajó en series e instalaciones que tenían que ver con esas experiencias extremeñas y finalmente cuando en abril de 1974 conoció Los Barruecos entendió que en aquella finca de enormes rocas graníticas y en el complejo arquitectónico del siglo XVIII para el lavado y la fabricación de lanas podía fundar su centro creativo. El ayuntamiento de Malpartida adquirió el espacio y lo puso a su disposición inaugurándose en el verano de 1976 con una pequeña colección de fotografías, intervenciones gráficas, dibujos, objetos y el primero de una serie de ambientes-esculturas: VOAEX (Viajes de (H)ormigón por la Alta Extremadura), un automóvil Opel empotrado en hormigón con matrícula de Berlín. Pero no fue hasta la década de los 90 cuando la Junta de Extremadura se implicó en el proyecto museográfico. Tras finalizar las obras de restauración se inauguró en 1998 como museo de arte conceptual y centro de interpretación.

Wolf Vostell, «VOAEX. (Viajes de (H)ormigón por la alta Extremadura)», 1976, escultura de hormigón en los Barruecos, Malpartida de Cáceres. Museo Vostell Malpartida.

Vostell se dedicó hasta el final de su vida a difundir y captar apoyos para la creación de una colección. Convenció al coleccionista italiano Gino di Maggio para que cediera con carácter permanente su colección de más de 250 piezas de artistas Fluxus como Chiari, Higgins, Kaprow, Yoko Ono, Nam June Paik, Saito entre otros. Su relación con la Galería G de Barcelona y el coleccionista Rafael Tous produjo una importante donación de la obra de los artistas españoles más experimentales como los pioneros de la performance Juan Hidalgo, Esther Ferrer, Nacho Criado y Concha Jerez, y de artistas que en aquellos años se acercaban al arte conceptual como equipo crónica, Canogar o Muntadas. También reunió colección de arte portugués contemporáneo gracias al artista Ernesto Sousa, la galería Diferença y el colectivo Grafil. En agosto de 1983 se celebró el Día del Arte Contemporáneo, unas jornadas que reunieron a los artistas polacos más experimentales del momento.

Salvador Dalí y Wolf Vostell «El fin de Parzival», años 1920/1998. Museo Vostell de Malpartida.

Salvador Dalí y Wolf Vostell «El fin de Parzival», 1929/1988. Museo Vostell Malpartida.

Continuó realizando instalaciones como La Depresión Endógena en el verano de 1979 en la sala del esquileo, una instalación de televisores y radios que denuncia la alienación que provoca el universo mediático en las conciencias humanas. Intercambió proyectos con Dalí y su Museo en Figueras, Fin de Parzival, (Dalí, 1929/Vostell, 1988), proyecto de Dalí de 1929 ejecutado por Vostell para Malpartida en 1988 y El Obelisco de la Televisión, regalo de Vostell para el Museo Gala-Dalí. Y meses antes de morir, concluyó en el jardín la impresionante escultura multimedia ¿Por qué el Proceso entre Pilatos y Jesús duró solamente dos minutos?, 1996.

Esta es la historia de Vostell, un ejemplo de implicación y perseverancia, convencido de que en «aquella obra de arte de la naturaleza» debían reunirse los «fragmentos de vida encontrada».

Wolf Vostell, «¿Por qué el Proceso entre Pilatos y Jesús duró solamente dos minutos?», 1996. Escultura en los Barruecos, Malpartida de Cáceres. Museo Vostell Malpartida.

Wolf Vostell, «¿Por qué el Proceso entre Pilatos y Jesús duró solamente dos minutos?», 1996. Escultura en los Barruecos, Malpartida de Cáceres. Museo Vostell Malpartida.

*Artículo revisado del publicado en Trazos Revista, nº18, abril de 2011. Ed. impresa y virtual.

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