Cuándo el arte se convirtió en revolución. Aleksandr Deineka (1899-1969). Una vanguardia para el proletariado

La Fundación Juan March en Madrid se une al Año Dual España-Rusia presentando una muestra dedicada al artista Aleksandr Deineka, uno de los principales representantes del arte soviético durante la etapa de Stalin. Alrededor de 250 obras procedentes de la Galería Estatal Tretyakov de Moscú y el Museo Estatal Ruso de San Petersburgo y otras colecciones públicas y privadas son en realidad el pretexto para analizar el período cultural y político a medio camino entre la Vanguardia experimental rusa durante la época de Lenin y el realismo socialista que tiene mucho de propaganda stalinista.

No se trata de una retrospectiva al uso, es más bien una escusa para contextualizar un período que tiene muchos protagonistas -incluyendo obras de Malévich, Vladímir Tatlin, El Lissitzky, Popova, Rodchenko, Aleksandra Exter, Mayakovski y un largo etcétera- y obras de muy distinta naturaleza –ilustraciones, prensa gráfica, documentales o audiciones de radio. El cine, la fotografía y el cartel son en este período los principales medios de difusión masiva y parte de aquella revolución que no sólo fue social y política, también lo fue artística. Estas piezas dialogan con las obras de Deineka –óleos, dibujos e ilustraciones- sobre la industrialización y el deporte, la simbología soviética y el monumental proyecto stalinista, descubriendo a un artista de gran calidad plástica y no del todo reconocidos internacionalmente.

Aleksandr Deineka, «La cuenca del Don», 1947. © Galería Estatal Tretyakov, Moscú.

Aleksandr Deineka, «La cuenca del Don», 1947. © Galería Estatal Tretyakov, Moscú.

Deineka aprende la lección de Malévich y la vanguardia constructivista pero también la de Occidente. En los primeros años de la década de los treinta viaja por Estados Unidos, Francia y parte de Europa. En 1935 recibe los más interesantes encargos de un régimen que se torna claustrofóbico. Para el nuevo palacio de los soviets de Moscú realizó dibujos y óleos de deportistas que tienen algo de Matisse; para el metro de Moscú diseñó los mosaicos de los techos de dos de sus estaciones cuyo decorativismo geométrico está en consonancia con la primera vanguardia. Dos proyectos que son, sin duda, los de mayor carga simbólica del régimen de Stalin.

En un principio se observa un artista comprometido con la utopía soviética, la industrialización y la modernización de un país, la igualdad entre hombres y mujeres y la ideología del deporte. Luego, esa utopía de la revolución parece volverse onírica y el compromiso inicial propaganda obligatoria.

De todo esto queda un artista fundamental cuya amplia producción es al mismo tiempo poética y simbólica. Deineka siempre estuvo en el punto de mira, tanto por tratarse de un artista clave como por ciertas sospechas infundadas. A pesar de todo se mantuvo fiel a sí mismo y conservó una plástica que tenía mucho de ese potencial artístico ruso y bastante de la estética vanguardista internacional.

La de Aleksandr Deineka es una de las exposiciones de la temporada junto a La Caballería Roja en la Casa Encendida y diversos ciclos de conferencias, cine y música que analizan las políticas culturales de la Rusia soviética.

Aleksandr Deineka (1899-1969). Una vanguardia para el proletariado. Del 7 de octubre de 2011 al 15 de enero de 2012. Fundación Juan March, Madrid.

Este artículo fue publicado en PAC el 5 de noviembre de 2011.

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