Val del Omar. Sin fin

Hay artistas que no se conforman con vivir su presente y se convierten en visionarios, a veces poetas incomprendidos en su momento. Fue el caso de José Val del Omar (Granada 1904 – Madrid 1982) un artista excepcional que, pese a vivir años muy duros, nunca perdió el afán experimental y el incansable ritmo de trabajo al que se sometió. Desde muy joven supo que el cine era la vocación de su vida y así lo fue confirmando durante los años veinte. En 1921 tras una estancia en París fue desarrollando sus primeras teorías revolucionarias sobre la iluminación, la cámara y las posibilidades de proyección en pantalla que plasmaría en unos primeros metrajes que acabó destruyendo. Sus primeras teorías fueron publicadas en 1928 cuando, asentado en Madrid, comenzó a vincularse con los círculos intelectuales del cine y la joven vanguardia del 27.

Val del Omar formó parte de una generación que reivindicaba el cine como una expresión artística y estética, experimental y comunicativa y no sólo como una herramienta banal para las sociedades de consumo. Sus investigaciones se centraron principalmente en el campo del sonido y de la fotografía, siempre perfeccionando las técnicas audiovisuales que tenía a su alcance; durante los años cuarenta en el campo de la radio y la electroacústica y desde finales de los cincuenta para los nuevos medios del cine, el vídeo y la televisión.

José Val Del Omar, Sin título, ca 1977-1982. Collage sobre cartulina. 31 x 25,7 cm. Museo Reina Sofía. © Archivo Mª José Val del Omar & Gonzalo Sáenz de Buruaga.

El documental fue el formato que más utilizó desde sus comienzos y el que le permitió mayor experimentación. Sus primeras obras, Fiestas cristianas, fiestas profanas (1934-1935), una serie de documentales silentes que filmó en 6mm y Retrato familiar (1933-1939) suponen el punto de arranque de la obra de Val del Omar. Fueron realizadas durante la época de las Misiones Pedagógicas, el proyecto de la II República (1931-1936) para llevar a los lugares más recónditos de la geografía española bibliotecas móviles, montajes teatrales, visionados de películas y copias de las pinturas más emblemáticas del Museo del Prado. Como tantos artistas e intelectuales de su generación emprendió el viaje de las Misiones. De este período se conserva documentación gráfica y algunas películas que realizó al margen del proyecto pero, seguramente, sirviéndose de los medios que tenía al alcance y que son testimonio del espíritu de la época.

Vibración en Granada (1934-1935) es la obra que adelanta lo que fue el proyecto que persiguió durante toda su carrera tanto en los aspectos técnicos y visuales como en los narrativos. Se trata de una película donde se yuxtaponen imágenes combinadas con distintos ritmos de composiciones hasta lograr un poema visual casi abstracto. En la década de los cincuenta retomó los ensayos de años anteriores y las teorías y patentes acústicas que venía investigando (el sonido diafónico, la experimentación electroacústica, o la estereofonía) con las obras Aguaespejo granadino (La gran siguiriya) (1953-1955), Fuego en Castilla (Tactilvisión del páramo del espanto) (1958-1960) y la película inconclusa Acariño galaico (De barro) (1961). Estas tres películas conforman el Tríptico elemental de España, cinegrafías abstractas donde los elementos del agua, el fuego y la tierra son un recorrido por la geografía simbólica de España y pretextos para desarrollar diversas técnicas y ensayos que le valieron reconocimientos y galardones en varios festivales, entre ellos en el de Cannes de 1961.

Llamó a estas prácticas de laboratorio PLAT (picto-lumínica-audio-táctil) y en ellos se empleó en los últimos años de su vida. Llegó a vivir en su laboratorio donde desarrolló una obra procesual repleta de fragmentos experimentales y artilugios para la fotografía, el cine y los medios electrónicos. Su laboratorio se conserva prácticamente intacto y fue reconstruido en la exposición Desbordamiento de Val del Omar en 2010 en el Museo Reina Sofía y en el Centro José Guerrero de Granada. Ahora puede visitarse en el espacio expositivo La mecánica mística del cine (1942-1982) en la colección permanente del Reina Sofía, reivindicando así el lugar que ocupa Val del Omar en el cine de vanguardia del siglo XX.

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*Este artículo fue publicado en PAC el 25 de julio de 2012.

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