Mujeres decentes o putas, pero no artistas

Cuando pienso en las mujeres sin rostro, centro mi atención en todas las mujeres que han sido silenciadas en la Historia del Arte, aquella que se escribe con mayúsculas desde una única mirada, occidental, masculina, avalada por los conceptos de genio, obra de arte, artista. La historiadora del arte Linda Nochlin se preguntaba en 1971 ¿por qué no ha habido grandes mujeres artistas? Décadas más tarde la pregunta sigue vigente y sin respuesta por parte de quienes se encargan de evaluar y justificar la presencia de artistas en la Historia: esto es, las instituciones museísticas y todos los agentes participantes –historiadores, críticos, gestores culturales, comisarios… Las mujeres artistas siguen escondidas en los almacenes de los museos. Así, difícilmente, pueden ser investigadas y reconocidas como parte fundamental de la historia. Necesitamos normalizar su existencia y valorar el esfuerzo que llevaron a cabo y no relegarlas a un papel secundario, local, doméstico, casi siempre a la sombra de algún hombre –padre, hermano, marido. Es indudable que las mujeres a lo largo de la historia no tuvieron las mismas oportunidades que sus coetáneos varones, no disfrutaron de estancias en las principales sedes artísticas, ni recibieron grandes encargos de la corte, pero existieron.

El papel que ocupa actualmente la mujer en las colecciones de los principales museos está centrado en el análisis de su papel dentro de la sociedad, en su contexto histórico, casi siempre relacionándose con el poder o con la actividad laboral, doméstica. El Museo del Prado en este sentido nos ofrece varios itinerarios didácticos desde una perspectiva de género: Las mujeres y el poder en el Museo del Prado y Los trabajos de las mujeres. El Museo Reina Sofía nos invita a recorrer una parte de la colección desde el Feminismo. Una mirada feminista sobre las vanguardias mediante el análisis de la mujer como objeto y sujeto artístico, mujeres modernas que también eran artistas. Aunque las vanguardias fueron la época de mayor proliferación de mujeres creadoras –resulta clave en este sentido la década de los años 30- en el grueso de la colección expuesta en el Museo Reina Sofía predominan los nombres masculinos.

Guerrilla Girls "Do Women Have to Be Naked to Get into the Met. Museum?", 1989.

Guerrilla Girls, “No Title (Do Women Have to Be Naked to Get into the Met. Museum?)”, 1989.

Estos recorridos ofrecen una lectura bastante interesante, pero no contestan en absoluto la pregunta de Linda Nochlin. La mujer en las colecciones de los museos se presentan bajo el mismo rol iconográfico al que ha sido relegada a lo largo de la historia del arte: mujeres devotas –mujeres dulces, vírgenes, santas, madonas que cuidan de sus niños- o majas desnudas –sensuales, descaradas y deseadas; mujeres fatales. Mujeres decentes o putas, pero no artistas.

En 1985 las Guerrilla Girls, un colectivo de mujeres vinculadas a la creación artística, lanzaban al mundo otra pregunta: ¿Tienen que estar desnudas las mujeres para entrar en el Museo Metropolitano? Menos del 5% de los artistas expuestos en las secciones de Arte Moderno son mujeres, pero el 85% de los desnudos son femeninos. Desde entonces no han parado de formular la misma pregunta, reinterpretando las estadísticas y trasladándolas a otros museos. Las Guerrilla Girls son mujeres sin rostro, o más bien con rostro de gorila –porque gorilla y guerrilla tienen una pronunciación parecida en inglés-, que utilizando la ironía y los actos de guerrilla evidencia la invisibilidad de determinados colectivos en las instituciones y en los circuitos artísticos, principalmente en Nueva York, pero también en otros lugares. Excluyendo a artistas por cuestiones que tienen que ver con el sexo, la raza o la etnia nos recuerdan que estamos viendo un mínima parte del panorama artístico. Y destacan la importancia de no focalizar en una fecha el reconocimiento –y a veces el conocimiento- de estos colectivos.

Guerrilla Girls, Nueva York, 1988.

Guerrilla Girls, Nueva York, 1988.

Las mujeres artistas, que son mayoría en las escuelas y facultades de arte, siguen siendo una minoría en las colecciones de arte contemporáneo, en las exposiciones retrospectivas, en las galerías, y estos índices poco equitativos no representan la realidad social. Por ello las Guerrilla han adoptado la identidad de mujeres artistas, creadoras, escritoras, inventoras, mujeres que han hecho mucho por la historia y a las que todavía nos queda por reconocer. Ellas hablan en nombre de mujeres ilustres en la historia como Diane Arbus, Paula Modersohn-Becker, Vanessa Bell, Romaine Brooks, Emily Carr, Rosalba Carriera, Meta Fuller, Eva Hesse, Hannah Höch, Zora Neale Hurston, Frida Khalo, Käthe Kollwitz, Lee Krasner, Violette Leduc, Ana Mendieta, Tina Modotti, Alice Neel, Anaïs Nin, Liubov Popova, Georgia O’Keeffe, Gertrude Stein, Alma Thomas como si estas estuvieran hablando desde sus tumbas.

En las últimas dos décadas las Guerrilla Girls han empapelado Nueva York denunciando el sexismo imperante en las instituciones artísticas y han filtrado su discurso feminista en los museos de arte contemporáneo más importantes. En la actualidad siguen denunciando la hipocresía de un sistema que educa a las mujeres en un sistema cultural y que luego le niega oportunidades. No son el único movimiento feminista que entra en los museos contando el número de mujeres artistas, pues con sus irónicas acciones se han convertido en un referente para otros colectivos. Las Guerrilla Girls aparecen como la conciencia que la sociedad y el mundo del arte necesita para recordarnos que todavía se ejercen prácticas de desigualdad evidentes en el mundo del arte, en la industria del cine o en la escena política.

GuerillaGirls, "Even The US Senate Is More Progressive Than Hollywood", 2007.

GuerillaGirls, “Even The US Senate Is More Progressive Than Hollywood”, 2007.

Puedes leer esta entrada en Las mujeres sin rostro, blog colaborativo sobre mujeres creativas.

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