Ferias, mercados y mercadillos

Recuerdo mis primeras experiencias en ARCO como un momento de gran expectación. Siendo estudiante de Historia del arte aunque frecuentaba exposiciones de arte contemporáneo –principalmente en el Museo Reina Sofía- mi contacto con el arte actual era más bien escaso, salvo por excepcionales visitas a reconocidas galerías como la de Soledad Lorenzo o Juana de Aizpuru. Acudir a ARCO me posibilitaba sumergirme en un mundo hasta entonces bastante desconocido, pues en la facultad poco o nada se hablaba de arte actual. Me llamaba poderosamente la atención el carácter internacional y la posibilidad de conocer galerías del mundo –aunque este sea un mundo muy seleccionado. Ir en busca del país invitado era un auténtico viaje, plano en mano y con sus correspondientes escalas.

Y así año tras año sigo acudiendo con la misma expectación, en busca de la sorpresa y sobre todo esperando esa emoción que el arte contemporáneo es capaz de producir. Entonces me pregunto si es la feria de arte el lugar más propicio para la contemplación entre la frialdad del stand y la apariencia de mercadillo, con más o menos elegancia. Seguramente no, pero sí lo es para el bullicio, los encuentros y las desvirtualizaciones; la feria como espacio social y no solo comercial; la feria como lugar de entretenimiento y también aprendizaje. Corrillos, tertulias y cotilleos; gentes intentando enterarse de algo. Sin faltar el comentario estrella: «esto lo hace mi nene». Con tantos nenes con ese potencial artístico es una auténtica lástima que el sistema educativo en nuestro país cada vez reduzca más la enseñanza artística y humanística. Realmente inconcebible que las instituciones culturales no inviertan más en programas de difusión y educación del arte contemporáneo. Y una pena que los padres de esos nenes no pongan más esfuerzos en educar su mirada. ¡Háganselo mirar!

Cabello/Carceller, Suite Rivolta, Galería Elba Benítez, 2011.

Cabello/Carceller, Suite Rivolta, Galería Elba Benítez, 2011.

Porque ARCO no solo reúne a profesionales del sector del arte, coleccionistas o críticos, aficionados y curiosos también se dan cita en uno de los eventos más mediáticos del año. La gran fiesta del arte contemporáneo, dicen, capaz de modificar el ritmo cultural de la ciudad por unos días. Inauguraciones que hacen coincidir en estos días, ferias satélites y mercadillos menos elegantes, además de eventos paralelos que son un atractivo más para quienes visitan Madrid estos días. ¡Como si Madrid necesitara revitalizarse culturalmente una vez al año!

Las semanas post-ARCO son si cabe igual de interesantes que las previas, repletas de reportajes, algunas conclusiones y análisis sobre el sector y el poso que deja en la ciudad el país invitado, que sigue siendo invitado en las instituciones. Pero todo acaba pasando y son otras citas las que sirven de escaparate del arte actual mientras esperamos una nueva edición.

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