Marina Núñez. El fuego de la visión

Reconozco en mí una cierta obsesión por Marina Núñez desde que viera por primera su obra en una de las primeras exposiciones que se celebraron en el DA2 de Salamanca. Por aquel entonces yo no sabía nada de la vida, ni de arte contemporáneo, menos aún de Marina Núñez. Desde entonces me he ido encontrando con ella aquí y allá sin quedar muy claras las contextualizaciones y etiquetas tan molestas como necesarias a la hora de elaborar esas genealogías del arte español. Como historiadora del arte responder al qué, al cómo, al cuándo y al dónde me colocan en una posición mucho más cómoda. Como espectadora reconozco que es fácil dejarse llevar por un universo que intriga mucho, demasiado incluso, pero que al mismo tiempo resulta tan cercano.

Se ha dicho que hacía falta una retrospectiva de Marina Núñez (Palencia, 1966) en Madrid, la ciudad donde vive y trabaja, pero la que ahora se puede visitar en la Sala de Arte Alcalá 31 no es una retrospectiva al uso. Diría incluso que no es una retrospectiva siquiera sino una propuesta narrativa en torno a lo posthumano bajo una aguda selección de pinturas, vídeos e instalaciones incluyendo algunas obras de la década de los 90 que pasan casi desapercibidas bajo el ritmo que marcan su últimos trabajos. Como es el caso de El fuego de la visión (2015) la videoinstalación formada por 9 proyecciones realizada expresamente para este espacio y que da título a la exposición, un ambicioso proyecto que bien podría resumir la capacidad técnica y conceptual de la artista.

Marina Núñez, El fuego de la visión, 2015. Fotograma; vídeo instalación, 9 vídeos, sonido, 1'50''.

Marina Núñez, El fuego de la visión, 2015. Fotograma; vídeo instalación, 9 vídeos, sonido, 1’50”.

Marina Núñez, Sin título (Siniestro), 1993, lápiz y óleo sobre mantel de lino.

Marina Núñez, Sin título (Siniestro), 1993. Lápiz y óleo sobre mantel de lino.

Sin título (siniestro), 1994, lápiz y pelos sobre servilleta de lino

Marina Núñez, Sin título (Siniestro), 1994. Lápiz y pelos sobre servilleta de lino.

Si bien sus primeras obras habían centrado mi interés hasta ahora, tras visitar la exposición de Alcalá 31, las que aquí se pueden ver de la serie Siniestro (1993-1994) en soportes de telas intervenidas o cosidas, parecen piezas más ingenuas, un poco kitsch si se quiere –sin ser esto necesariamente algo negativo. Aún así me hablan todavía sobre la esencia de un conceptualismo aún vigente y desde el que poder elaborar nuevas lecturas para abordar una trayectoria donde el feminismo está muy presente tanto en las formas como en las intenciones. De aquellas primeras telas pintadas e intervenidas –siguiendo el recorrido de esa historia de las mujeres planteada por las artistas feministas en los 70– a El fuego de la visión, no solo han pasado dos décadas sino toda una evolución técnica en la manera de hacer. Esta evolución le ha llevado a emplear imágenes digitales y lenguajes audiovisuales pero manteniendo una iconografía basada en el cuerpo y en lo femenino, aunque las ideas adquieran nuevos significados al inscribirse en este recorrido.

La obra de Marina Núñez es extraordinariamente procesual aunque pueda no parecerlo en un principio y encuentra referencias en un imaginario contemporáneo muy reconocible proveniente de la ciencia ficción, la tecnología ciborg y cierta estética postpunk. Algo que encontramos en la instalación pictórica Ciudad Fin expuesta en el MUSAC en 2009, donde la artista se permite innovar en la técnica de la pintura digital en un continuo de fotogramas sobre una elocuente ficción distópica que habla de la pérdida de identidad del sujeto contemporáneo. Despliega aquí una serie de referencias derivadas de la filosofía, el cine y la literatura de ciencia ficción. Referencias estas que a su vez provienen de problemáticas más universales y que venimos encontrando en la mitología clásica y los cánones estéticos clásicos. La puesta en duda de ese canon –incluso el enfrentamiento al mismo– desde una mirada contemporánea, hacen del conjunto de su trabajo una propuesta narrativa que subvierte la mirada hegemónica impuesta en la historia de la cultura visual. Así nos enfrentamos al canon en el hombre de Vitruvio convertido ahora en deforme hombre araña que se teme a sí mismo (Canon, 2008). En cambio sus mujeres, locas, monstruas, histéricas, endemoniadas, sin ser complacientes no sufren las mismas perturbaciones. Son mujeres que creen estar huyendo de un infierno que en realidad son ellas mismas, en la propuesta para la capilla del Patio Herreriano (El infierno son nosotros, 2012). Mujeres que se arrancan la piel y el pelo; mujeres enredadas en un fuego donde residen esas pasiones históricamente asociadas a lo femenino. Mujeres que mediante su representación están asumiendo y atacando al mismo tiempo repetidos estereotipos.

Marina Núñez, Canon, 2008. Vídeo monocanal, 1'12''.

Marina Núñez, Canon, 2008. Vídeo monocanal, 1’12”.

Marina Núñez, Sin título (Ciencia ficción), 1999. Óleo sobre lienzo y aluminio serigrafiado, 140x140 cm.

Marina Núñez, Sin título (Ciencia ficción), 1999. Óleo sobre lienzo y aluminio serigrafiado, 140×140 cm.

Marina Núñez, Ciudad fin, 2009. Pintura digital.

Marina Núñez, Ciudad fin, 2009. Pintura digital.

Marina Núñez, Sin título (Ciencia ficción), 2008. Infografía en caja de luz, 200x150 cm.

Marina Núñez, Sin título (Ciencia ficción), 2008. Infografía en caja de luz, 200×150 cm.

Es la visión y la multiplicidad de miradas el hilo curatorial de esta exposición. El ojo como elemento surrealista reaparece como concepto descontextualizado y perturbador en Multiplicidad, como también en El fuego de la visión. Dice Marina Núñez que los ojos no tienen género –que pertenecen indistintamente a hombres y mujeres– pero esas transformaciones a las que son sometidos, su reproducción en formas blandas, incluso monstruosas –otra vez lo anticanónico–, tienen mucho de femenino. Se trata de cuerpos sin rostro que se transforman hasta el infinito y cuya perturbación no reside en los mismos sino en quienes los observamos.

En ocasiones resulta complicado el diálogo de las propuestas contemporáneas en determinados espacios, como es el caso de Alcalá 31. En esta exposición los audiovisuales e instalaciones, lejos de presentarse de manera independiente, se contaminan unos a otros evitando así la sucesión cronológica estricta y esa higiene museográfica heredera de la estética minimal que suele ser tan habitual en museos y centros de arte. El cubo blanco no tendría ningún sentido a la hora de mostrar una obra que no solo está concebida para mirarse sino también para sentirse. El reto al que se han enfrentado artista y comisario ha quedado relativamente resuelto con un espacio totalmente abierto que exige al espectador mirar hacia todos los lados –o que nos invita a sentirnos observados.

Marina Núñez. El fuergo de la visión. Alcalá 31, Madrid. 17 de diciembre, 2015 – 27 de marzo, 2016.

Agradezco a Marina Núñez la visita comentada a la exposición y a Pedro Gallego la invitación.

Recomiendo para saber más visitar la web de la artista y su canal de YouTube.

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