No solo es sexo. Identidad y sexualidad en las prácticas artísticas contemporáneas

A finales de los años sesenta se producen en el campo artístico transformaciones radicales, que tienen lugar tanto en la práctica como en la crítica afectando incluso a la institución Arte, que prevalecerán en las siguientes décadas alcanzando nuestro tiempo presente. La más radical de todas, la Internacional Situacionista de Guy Debord formula la posibilidad de un tipo de acción que será política e intelectual, mediante la posibilidad de ocupar los espacios públicos –al fin y al cabo espacios de poder. A finales de los sesenta el movimiento feminista apuesta por desestabilizar esas estructuras invisibles de poder, traduciéndose en las décadas siguientes en el rechazo a las normatividades y la toma de posiciones frente a la sexualidad, los media, la política o la identidad –racial, sexual, de clase… Los feminismos desde entonces han contribuido generosamente a pensar en torno a dos problemáticas que en el arte contemporáneo reaparecen constantemente: la identidad y la sexualidad.

Es en este contexto desde distintos campos –político, antropológico, psicoanalítico y por supuesto artístico– donde el feminismo encuentra luchas infatigables que llegan a nuestros días –los derechos de reproducción, la pornografía, la moral sexual, la violencia. Es necesario recordar, una vez más, el artículo de Linda Nochlin de1971 ¿Por qué no ha habido grandes mujeres artistas? que volverá a ensayar unos años más tarde desde la práctica curatorial en la exposición Women Artists: 1550-1950. En 1972 Judy Chicago y Miriam Schapiro plantean desde la práctica una relectura de la representación femenina en la instalación-exposición Womanhouse dentro del Feminist Art Program en el California Institute of the Arts. En muy poco tiempo se encuentran todos los ingredientes necesarios para el emerger de nuevas formulaciones que desestabilizan el hecho artístico tanto en su producir como en su mirar. Se rompe así con la tradición artística de los soportes, la narrativa y los lugares desde o donde se producen.

Como indicaba al comienzo, el mundo organizado bajo esas estructuras invisibles comienza a ser cuestionado desde los márgenes. Dicho de otro modo, el relato tradicional y consensuado de la Historia que organizaba el mundo en relaciones de poder hombre-mujer comenzaba a releerse bajo una multiplicidad de miradas y discursos. Incluso comenzaban a ser leídos desde otras miradas que no se ajustan al relato impuesto por Occidente y que encuentran su origen teórico en ensayos como Orientalismo de 1978 de Edward Said. Desde la década de los ochenta los estudios poscoloniales y queer vienen revisando cuestiones que tienen que ver con la raza, el género y la sexualidad. Aquello que se ha convenido en llamar posmodernidad no es otra cosa que una enorme brecha en los relatos tradicionales que tratan de contestar, desde otras posibilidades, la pregunta planteada por Linda Nochlin. Así, la palabra mujer es sustituida por raza, Islam, Latinoamérica…

La herencia de estas formulaciones es visible en prácticas artísticas actuales y en discursos curatoriales que toman posición en torno a la sexualidad y la identidad de los sujetos contemporáneos. Actualmente en Madrid exponen algunas artistas que trabajan en estas y otras problemáticas en exposiciones que tratan de abordar estas cuestiones con mayor o menor fortuna. La exposición Solo es sexo en la galería Fernando Pradilla con la curaduría de Javier D. Guardiola, plantea muy correctamente un discurso que tiene como pretexto el sexo para desbordar las múltiples lecturas del término. Pero que a mi parecer, parte de una idea equivocada pues no solo es sexo, también es sexualidad, identidad, género, violencia –sobre todo la que se ejerce sobre mujeres y niñas en cualquier rincón del planeta. La exposición ha contado con la obra de interesantísimos artistas como la propuesta de Edurne Herrán quien se apropia del lenguaje del sexting para encontrar una lectura feminista en la técnica del bordado en punto de cruz, tradicionalmente ligado a esas labores femeninas que quedaron ocultas en el espacio doméstico. Edurne Herrán propone una gramática digital traducida tal vez en una crítica a la inmediatez de los nuevos canales de comunicación frente a la laboriosa y lenta técnica de ejecución de sus Emoji-Sexting.

Edurne Herrán, Emoji-Sexting, 2016.

Edurne Herrán, Emoji-Sexting, 2016.

Además de otros artistas conviene detenerse en el trabajo de Verónica Ruth Frías referenciando a Ana Mendieta y Frida Khalo, dos de las artistas más manipuladas –incluso en ocasiones mal entendidas– por la crítica feminista, los estudios latinoamericanos y casi cualquier margen. Ambas artistas son casi siempre citadas en referencia  a los sucesos dramáticos que marcaron su historia. Así sus biografías son inseparables de sus trayectorias artísticas. No podemos pensar en Frida Khalo sin el tormento que supuso su vida y la agitada relación personal con Rivera. Como no podemos mirar la obra de Ana Mendieta obviando su trágico final, un suicidio del que se dijo Carl André tuvo mucho que ver. Verónica Ruth Frías remarca en sus propuestas la idea de que esas estructuras invisibles de poder en el arte tienen mucho que ver con el género. De ahí que André, el marido de Ana Mendieta, ejerza aún hoy una gran influencia en el mundo del arte, a quien se le dedican un sinfín de exposiciones sin cuestionarse nunca la validez del minimalismo, movimiento que abandera, y cuyos planteamientos estéticos, conceptuales y semánticos son radicalmente opuestos a la propuesta de Ana Mendieta. El último grito de esta, ese NO ya legendario, podría ser interpretado como la negación al movimiento programático y masculino del minimal frente a lo visceral y corpóreo de las performances de Mendieta.

Verónica Ruth Frías, instalación en la exposición Solo es sexo, 2016.

Verónica Ruth Frías, instalación en la exposición Solo es sexo, Galería Fernando Pradilla, 2016.

La de Ana Mendieta es una respuesta personal contra la violencia ejercida a las mujeres como también es la respuesta legítima artística contra el triunfo del minimalismo. Mientras el minimal propone la serialidad y la higiene estética carente de problemáticas conceptuales, el arte de performance nos muestra cuerpos teñidos de sangre como en las obras de Regina José Galindo o Teresa Margolles, por poner otros ejemplos, para denunciar las voces silenciadas y la violencia sufrida por quienes son designadas y percibidas como mujeres.

Habría que preguntarse si existe un arte feminista como movimiento coherente y con las lógicas que marcan la teoría y la historia del arte. ¿Son las artistas nombradas anteriormente artistas feministas? ¿Dónde encontramos exactamente el feminismo; en la intencionalidad de la artista o en la mirada crítica o curatorial? La posibilidad de un arte feminista consensuado desde los parámetros que marcan la teoría y la historia del arte es muy probablemente inexacto. Aunque no debemos obviar que existen intencionalidades y lenguajes artísticos comunes para un movimiento artístico feminista –que no solo es practicado por mujeres– y que encuentra preferencia en el lenguaje performático, la instalación, el audiovisual y el activismo. Si históricamente a las mujeres se les había negado la posibilidad de dedicarse a la pintura de historia y la mitológica, los grandes programas artísticos de las cortes europeas en la Edad Moderna, a mediados del siglo XX en pleno auge del Expresionismo Abstracto, el feminismo encuentra en el vídeo, la fotografía o la performance un lenguaje artístico que escapa de las lógicas patriarcales tradicionales.

La misma reflexión serviría para hablar de la posibilidad de un arte queer o de artistas que trabajando desde lo queer cuestionan las normatividades de la identidad sexual criticando la supuesta heterosexualidad que ha dominado las teorías feministas, posiblemente desde que Judith Butler en El género en disputa (2001) sostuviera que el género es un acto performativo. En los últimos años muchas artistas crean obras donde las cuestiones de identidad de género, la opción sexual o la identidad cultural ocupan un lugar central. Es en esto en lo que basa su creación Almendra Castillo, conocida como Rurru Mipanochia, artista mexicana que expone ahora POR-NO: Monstruos Panochoes Prehispánicos, en Swinton & Grant  en Madrid. Cuerpos mutilados, flujos corporales y todo tipo de referencias mesoamericanas son elementos que repite constantemente en una serie de dibujos donde crea una narrativa visual queer. Una iconografía a la que no estamos habituados pero que en realidad no nos es tan ajena. Encuentro en el trabajo de Rurrü Mipanochia ciertos procesos performativos –en la terminología empleada por Butler– en cuanto a la búsqueda y creación de una genealogía que ella misma narra en vídeos caseros que luego cuelga en Internet. Una cosmovisión prehispánica basada en cuerpos monstruosos, cuerpos mutilados, cuerpos desechados por el canon occidental de los que se sirve para crear subjetividades modernas en las que los sujetos minorizados por su raza, etnia o práctica sexual son ahora visibles. Al mismo tiempo crea además otras cosmovisiones sobre lo femenino rompiendo los tabúes existentes sobre la menstruación y mostrando alternativas a las representaciones tradicionales del cuerpo femenino.

Rurru Mipanochia, POR-NO, 2016

Rurru Mipanochia, POR-NO, 2016

Por otro lado, Bel Fullana viene trabajando en sus dibujos y pinturas escenas que hacen referencia a una sociedad contemporánea, en la que la artista a veces se ve envuelta, que basa sus relaciones en el sexo y la deshumanización. Escenarios que giran en torno a figuras femeninas en contextos sexuales, donde se reconoce una realidad perversa basada en estereotipos denigrantes y relaciones de poder asentadas bajo el sexo fácil y distendido en los meses de verano de Mallorca.

Bel Fullana, Sex on the Beach, 2016. Vista de la exposición Cuestionamiento II. Sociedad, Sala de Arte Joven, Madrid.

Bel Fullana, Sex on the Beach, 2016. Vista de la exposición Cuestionamiento II. Sociedad, Sala de Arte Joven, Madrid.

Bel Fullana, exposición Dear Leg, Galería Bacelos, Madrid, 2016.

Bel Fullana, exposición Dear Leg, Galería Bacelos, Madrid, 2016.

Durante siglos, los artistas masculinos han representado a las mujeres como objetos de amor y devoción y al mismo tiempo como mujeres torturadas, violentadas o fatales. En cambio, las artistas contemporáneas han encontrado en las prácticas artísticas, el feminismo y las teorías de género los medios para cuestionar la tradición visual poniendo del revés los estereotipos clásicos sobre los que se sustenta el poder.

Exposiciones recomendadas:
Solo es sexo, Galería Fernando Pradilla, Madrid. 30 de marzo – 20 de mayo, 2016.
Rurru Mipanochia. POR-NO: Monstruos Panochoes Prehispánicos, Swinton & Grant, Madrid. 21 de abril – 4 de junio, 2016.
Cabello/Carceller. Rapear filosofía: Foucautl, Sontag, Butler, Mbembe, Galería Elba Benítez. 13 de mayo – 3 de junio, 2016.
Ian Walder y Bel Fullana. Dear Leg. Galería Bacelos, Madrid. 16 de abril – 30 de mayo, 2016. Cuestionamiento II. Sociedad. Sala de Arte Joven de Madrid. 5 de mayo – 24 de julio, 2016.

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