Arte, museos y feminismo

En ocasiones el mundo del arte es percibido bajo cierto glamour, realmente fascinante visto desde fuera pero en realidad con bastante de mascarada. Lo cierto es que esta proyección, superficial casi siempre, puede llegar a esconder proyectos de gran valor aunque menos atractivos para el interés mediático. No todo son sofisticados eventos y beatiful people, también existen, afortunadamente, proyectos valientes y comprometidos con una realidad social y cultural que no es igual para todos.

Es perceptible en el campo artístico una amplia mayoría de mujeres trabajando en las bases, pero con una presencia que merma según se asciende en los puestos de responsabilidad de la pirámide. Aunque cada vez más encontramos mujeres que ocupan espacios de responsabilidad e influencia como directoras de museos, comisarias de exposiciones o gestoras, seguimos prestándoles atención por ser mujeres, o lo que es igual, por su excepcionalidad. Son muchos los reportajes que hemos visto de artistas, galeristas o directoras de museos, percibidos bajo ese halo de prestigio del que hablaba antes, y que puede llegar a esconder el trabajo de verdad, el que construye un mundo del arte crítico para cumplir su función en la cultura y sociedad contemporáneas.

En esta ocasión, lejos de reivindicar nada, he pretendido hablar con algunas de estas profesionales de su experiencia trabajando en museos, centros de arte o el mercado artístico, sobre la posibilidad de construir instituciones donde se apliquen políticas reales de igualdad. Cada una de ellas, a partir de ámbitos distintos pero con objetivos que en realidad son comunes, tienen además una interesante presencia en redes sociales en esta línea clara de actuación: que el arte que vemos en el Museo sea tan diverso como la cultura y la sociedad a la que representan.

Araceli Corbo es responsable del Centro de Documentación del MUSAC y ha dirigido, entre otro el Seminario Historia y archivas del movimiento feminista en el Estado español. Pero este no es el único proyecto en torno a los feminismos que se desarrollan en el MUSAC, un museo que lleva líneas de investigación y programación sobre arte y feminismo. ¿Es posible, entonces, construir una museología y una historia del arte en clave feminista?

Araceli Corbo: «Por supuesto que es posible y debería de ser una obligación y un compromiso. Las mujeres artistas han participado en la construcción de la historia del arte contemporáneo al igual que sus colegas hombres porque su talento y su trabajo son incuestionables, a pesar de que otros intereses y agentes se hayan encargado de invisibilizarlas.

Para el MUSAC es un interés y una responsabilidad realizar exposiciones, actividades o adquirir obra de mujeres artistas, así como trabajar en general desde una perspectiva de género porque enriquece y permite un conocimiento global del arte y de la cultura. Es conciencia social y justicia».

Araceli Corbo, responsable Centro de Documentación del MUSAC, León. @aracorbo

A Aitziber Urtasun la conocemos no solo como responsable del departamento de didáctica del Museo Oteiza sino también por su enorme compromiso social. Pero también realiza performances, intervenciones y acciones. Para conocer su trabajo más creativo y reivindicativo es conveniente seguir su blog, Esto no es un blog.

¿Se puede construir una sociedad más justa e igualitaria desde el arte, o el artivismo, y la educación artística?

Aitziber Urtasun: «En mi caso la creación artística, tome ésta la forma de una performance, una fotografía o una narración, no está en ningún momento desvinculada de mi labor como educadora. Yo necesito desarrollarme creativamente para educar, y educando amplío mi capacidad para crecer como creadora. En este sentido, construir desde esos códigos una sociedad más justa e igualitaria se traduce casi en una obligación.

No obstante, creo que lo más importante es posicionarse en ese artivismo desde escenarios pequeños, locales y cercanos. Muchas veces pensamos que sólo los grandes proyectos pueden transformar la sociedad que habitamos pero también los pequeños gestos que podemos realizar en un taller, en una visita guiada o en una acción performativa de barrio, pueden producir cambios. Lo “micro” puede influir en lo “macro” pero es raro que lo “macro” influya en lo “micro”.

Otro elemento que para mí es importante es la bidirecccionalidad. Cuando educamos hablamos mucho de ayudar a crear seres críticos que tengan en el fututo una mayor capacidad para generar cambios. Pero si sólo educamos desde nuestras convicciones y vivencias estaremos produciendo copias de nosotros mismos. Hay que educar narrando, contando y compartiendo pero también escuchando. El que educa debe saber que también tiene que dejarse educar por otras voces. Solo somos activistas si sabemos sumar voces».

Aitziber Urtasun, responsable del departamento de didáctica del Museo Oteiza. @aitziberurtasun

Aitziber Urtasun, Performance El muro de la desmemoria, 2016.

Aitziber Urtasun, Performance El muro de la desmemoria, 2016.

Bárbara Vidal es responsable de comunicación de la feria Art Madrid. También es gestora cultural, comisaria y colaboradora en tantos proyectos que no ocultan su implicación con el papel que ocupan las mujeres en el mundo del arte, ya sea en la gestión o en la creación.

«Promover la presencia equilibrada de mujeres y hombres en la oferta artística y cultural pública», según la Ley de igualdad de 2007. Pero, ¿qué medidas aplicar para mostrar una realidad del mercado artístico más justo y equilibrado con la realidad del sector?

Bárbara Vidal: «Precisamente, ésta es una de las cuestiones que nos planteamos en la feria a la hora de organizar el Programa especial Arte y Género de la pasada edición. Como gestores y organizadores de la feria, una empresa privada en este caso, nosotros no podemos “obligar” a que las galerías participantes tengan una cuota de mujeres en la propuesta que presentan al comité… pero sí que podemos invitarles a tenerlo en cuenta. Es lo que hicimos en 2016, les hicimos partícipes del Programa Arte y Género, contamos y presentamos de manera crítica nuestras propias cifras de participación femenina, les hicimos preguntas a las galerías que tienen mujeres como directoras, preguntas orientadas a saber qué piensan ellas de la situación, organizamos visitas guiadas por una ruta que destacaba el trabajo de varias artistas de distintas generaciones para que tanto el público como los propios galeristas vieran el valor que tienen estos nombres: Soledad Córdoba, Isabel Muñoz, Victoria Diehl, Santesmases, Iria Do castelo… Además, elegimos como Artista Invitad@ a Carmen Calvo y, con ella y con varias profesionales del mundo del arte periodistas, comisarias, gestoras culturales, desarrollamos un debate de acceso libre para los visitantes de la feria. Para nosotros, lo esencial fue poner un tema sobre la mesa, un tema que, por cierto, yo en particular echaba en falta en las ferias nacionales. Creo que la voluntad de igualar la participación femenina y masculina en comités de selección, jurados, comisarios, etc… es una buena manera de empezar».

Bárbara Vidal, responsable de comunicación de Art Madrid. @ArtMadridferia

Natalia Piñuel es coordinadora del festival She Makes Noise, un festival único que reúne destacadas mujeres de la música electrónica y la experimentación audiovisual y que celebra en La Casa Encendida su segunda edición.

Tenía muchas ganas de hablar con ella para saber realmente cómo nace el proyecto y cómo acaba celebrándose en una institución. Solemos hablar de mujeres en las artes plásticas, pero ¿qué sucede en otros campos de creación como la música? ¿Cómo se percibe en el escenario de la electrónica y la cultura audiovisual contemporánea este festival?

Natalia Piñuel: She Makes Noise nace como proyecto on-line en la primavera del año 2013. El tumblr salió de la rabia al comprobar las estadísticas sobre la bajísima participación de mujeres en festivales de música electrónica que había publicado la plataforma female:pressure. El proyecto inicial es autogestionado, de hecho, no tenía ambiciones más allá de dar a conocer y compartir el trabajo de mujeres que trabajan dentro del campo de la música electrónica y la creación sonora. Hay artistas sonoras y hay mujeres que hacen techno, pero nos las ocultan… esa falta de visibilidad viene dada por la escasa presencia también de mujeres programadoras, críticas especializadas, promotoras de eventos etc. En definitiva, por la ausencia de mujeres en los llamados “puestos de poder”.

El Festival viene un poco después cuando a finales del 2014, La Casa Encendida se interesa por el proyecto y nos propone a Playtime Audiovisuales (la plataforma que coordino junto a mi hermano Enrique) pasar al espacio físico y producir un festival conjuntamente. Algo que no me había planteado al principio sucede y resulta fantástico. La primera edición en el invierno del 2015 va de maravilla, entonces contábamos también con un componente de curiosidad para gran parte del público y dentro del propio sector audiovisual por lo especial de la propuesta. Este año, cambiamos las fechas al mes de octubre, del 20 al 23 y nos afianzamos para poder seguir trabajando a favor de “las chicas ruidosas”.

Centrándome más en tu pregunta, desde las instituciones sí se presta un gran apoyo al arte contemporáneo (entendiéndolo a nivel expositivo) pero las propuestas audiovisuales, cine y especialmente música electrónica, que son las dos áreas en las que trabajo, salvo excepciones quedan relegadas a un segundo plano ya que están ligadas al ocio y a lo lúdico y a la noche, que no suelen tener buena prensa, no así al entorno propiamente cultural. Parecen tener miedo de programarlas, de arriesgar y de legitimarlas desde dentro, desde la propia institución cultural, como lo que realmente son.  Si bien es verdad que se están dando pasos, sobretodo en el último año y medio en Madrid, todavía queda mucho por hacer.

Natalia Piñuel, Coordinadora de She Makes Noise y productora cultural desde la plataforma Playtime Audiovisuales. @petulak

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Pilar Gonzalo es una de las voces más reivindicativas del sector. Es la directora del Foro Cultura y buenas prácticas en España. A su ardua labor y agitación le debemos el haber adquirido en los últimos años una mayor conciencia a la hora de defender los intereses del sector cultural y sus profesionales.

¿Cómo podríamos aplicar políticas reales de igualdad en las instituciones culturales?

Pilar Gonzalo: «Lo cierto es que, si para algo sirven las políticas culturales, es para gestionar la desigualdad, un elemento consustancial a la naturaleza de la cultura. Opino que las aspiraciones de la cultura como actividad no han de ser generar “igualdad”, sino trabajar con las diferencias -tanto de acceso a la producción y el disfrute de la cultura, como de difusión y reconocimiento- corrigiéndolas en caso de que generen injusticia y preservándolas en caso de que signifiquen riqueza y diversidad. Por tanto, las políticas culturales han de abordarse como un sistema de naturaleza compleja y poliédrica en el que hay que tener en cuenta, no sólo los aspectos económicos y de precio tan mencionados en los últimos años, sino también aspectos sociales, como el valor de la cultura en la sociedad, el contexto político, la educación, la información, la situación laboral e industrial del sector o el tiempo de quienes participan en ella, además de la ubicación geográfica en la que sucede o la naturaleza pública, privada o común de sus agentes culturales intermediarios.

Sin embargo, esta complejidad del entorno en el que trabajar en realidad no tiene por qué traducirse en dificultad para aplicar políticas culturales eficientes. Basta con el compromiso y empeño de contribuir al cambio por parte de los distintos agentes intervinientes con sólo añadir pequeñas clausulas en los contratos.

El compromiso personal es la base de todo y comienza por cada persona. Es imprescindible obligarse y obligar a los prestadores de servicios culturales a, por ejemplo, contratar empleados en condiciones dignas. Eso se hace con pequeñas clausulas condicionantes en los concursos. Otro ejemplo sería el de la composición de tribunales de selección, que debería respetar principios de paridad que, como es sabido, es una política hecha para corregir la flagrante desigualdad de las mujeres frente a los hombres en los entornos profesionales de la cultura.

Lo cierto es que ya no hay excusa para dejar de asumir estos compromisos, que no requieren de presupuesto, sino de compromiso y ética. Cualquiera ha de asumirlos, pero son las instituciones públicas quienes tienen la obligación de dar ejemplo, de liderar el cambio, pues no sólo se gestionan con recursos de todos, sino porque además, trabajan para todos (y todas) Mientras siga habiendo una gestión pública de la cultura opaca, que no rinda cuentas y que carezca de unos principios básicos y compartidos de buen gobierno; la cultura seguirá, como la Ofelia de Hamlet, entonando su particular cántico de agonía mientras se ahoga lenta e irremediablemente hasta desaparecer».

Pilar Gonzalo. Directora del Foro de Cultura y buenas prácticas. @pilargonzalo

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