El futuro, la pared vacía y la performance. ARCO 2018

«El futuro no es lo que va a pasar, sino lo que vamos a hacer».

Con este título y el hashtag #Futuro arrancaba la 37 edición de ARCO, la feria. Más que un marco conceptual ferial, a posteriori es leída como una advertencia. Advertencia de lo que Ifema, la organización, lanzaría unas horas antes de la inauguración al retirar una obra incómoda de la que ya se estaba empezando a hablar, por el «bien de la feria y la visibilidad de los contenidos de ARCO». Eso sí, «desde el máximo respeto a la libertad de expresión».

Presos políticos en la España contemporánea, de Santiago Sierra, el artista, era retirada provocando el efecto contrario al pretendido, amplificando la polémica y dejando en evidencia la postura de cada cuál. La no obra y la pared vacía se convertían en protagonistas indiscutibles de ARCO. No se hablaba de otra cosa, pues tampoco había mucho de lo que hablar.

El escándalo provocaba una performance colectiva y mediática que era retransmitida en directo, como toda performance de su tiempo. La propia IFEMA activaba la pieza y comenzaba la performance con la complicidad de Helga de Alvear, la galerista obediente y Carlos Urroz, el director perseguido, al que rápido se unió el comunicado del ofendido artista, y las declaraciones del coleccionista independentista que adquiría la pieza, sin faltar por supuesto los medios de comunicación e incluso representantes políticos. La pared vacía abría telediarios, acaparaba tertulias televisivas, generaba memes y sobre todo mucha expectación, convirtiéndose en metáfora de una edición que de otra manera hubiera pasado sin pena ni gloria.

Al margen de la censura, este hecho coloca al arte contemporáneo en un problemático lugar, pues retrocede a la casilla de salida, la de esto no es una pipa (René Magritte, 1928). El arte como espacio de representación es paradoja de la realidad, pero no necesariamente la realidad misma, solo su representación. Presentada bajo apariencia de realidad es percibida como amenaza generando controversia. El arte no es polémico per se, la polémica existe y forma parte de nuestra sociedad. Es la capacidad del artista por agitarla y transgredirla la que provoca controversia y sentido crítico. ¿Y no es acaso generar sujetos críticos una de las exigencias que se le suponen al arte contemporáneo?

En este punto es justo reconocerle a Santiago Sierra su eficaz manera de poner en crisis cuestiones tan actuales como la libertad de expresión, la censura, las tensiones que ocasionan los símbolos políticos o las contradicciones del sistema del capital. Independientemente de nuestras opiniones o ideologías como sujetos políticos que somos, incluso de nuestros gustos estéticos, no hay en la obra de Santiago Sierra ofensa ni delito posible, todo es performance.

¿Y las mujeres?

ARCO se proponía mirar al futuro tratando de poner el acento en una edición protagonizada por mujeres -comisarias, galeristas y coleccionistas, pero no las artistas. Lo cierto es que hay una sensación generalizada de que el #Futuro ha sido un sinsentido. La sección comisariada por Chus Martínez y diseñada por Andrés Jaque ha resultado un despropósito; excesiva en su formato y pobre en contenidos.

La prueba de que ese futuro pretendido por ARCO se parece más al pasado que al tiempo presente lo encontraremos en esas estadísticas que reflejan que la presencia de mujeres en las dos últimas ediciones apenas llegaba al 25%, según MAV. Pero al margen de los números en este ARCO ha habido una intensa presencia femenina. No se trata únicamente de cuotas sino de poner el foco en cuestiones que tienen que ver con la “cuestión femenina”. Reivindicar y reivindicarnos; pero también proponer espacios para enunciarnos.

La capacidad que tiene el arte por generar definiciones es una de las muchas luchas para las prácticas artísticas feministas, como también lo es en la propuesta de Verónica Ruth Frías para la Fundación Rafael Botí en ARCO, Pink Power, una instalación y una acción que recupera históricas reivindicaciones feministas. La histórica necesidad por nombrarnos, bajo la obligación de no olvidar para no ser olvidadas. Mediante el enunciado I AM A WOMAN la artista propone un ejercicio de representación aparentemente sencillo pero de gran efecto sobre el espacio real: visibilizar los múltiples significados del ser mujer y recordar que siempre estuvimos aquí.

ARCO 2018 pretendía apropiarse del tiempo futuro obviando las urgencias del presente, entre ellas las que tienen que ver con la igualdad, la educación y también con la exclusión de las mujeres. Obviando que el futuro es lo que está pasando.

Verónica Ruth Frías, Pink Power, 2018. Fundación Provincial de Artes Plásticas Rafael Botí, ARCO Madrid 2018.

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